Bueno para el resultado, malo para el club

Cuando la ventaja física de hoy decide quién juega, el club puede perder el talento de mañana.

Bueno para el resultado, malo para el club: el problema es confundir una ventaja temporal con una medida definitiva del talento

Fermín López ha explicado que durante su adolescencia lo pasó mal por su físico y que recibió burlas. Aquella situación le generó inseguridad y frustración. Según reconstruyó posteriormente beIN Sports, durante su etapa de cadete la falta de minutos llegó a hacerle plantearse regresar a casa.

Su trayectoria no demuestra que todo jugador con menor desarrollo físico vaya a triunfar. La pregunta importante es otra: ¿cuántos jugadores atraviesan una situación parecida sin recibir una oportunidad posterior?

El problema no consiste en que los entrenadores quieran ganar ni en que el jugador que rinde deba dejar de jugar. Competir y elegir a quien ofrece un buen rendimiento forman parte del fútbol. El conflicto aparece cuando una ventaja física temporal se interpreta como una prueba de mayor talento y termina condicionando de forma sistemática quién juega, quién espera y quién deja de contar.

Lo que sirve para ganar el domingo no siempre es lo mejor para el futuro del club.

Una ventaja real, pero en parte temporal

Una ventaja real, pero en parte temporal: la ventaja física no significa mayor talento; el riesgo es convertir el rendimiento actual en una jerarquía permanente

La edad relativa y la maduración biológica pueden influir en la observación del jugador, pero no son lo mismo. En El mes que nadie elige analizamos las diferencias derivadas de la fecha de nacimiento dentro del año de selección. Aquí la cuestión es distinta: dos jugadores de la misma edad cronológica pueden encontrarse en momentos diferentes de su desarrollo biológico.

Esa diferencia no siempre se ve en la altura. Un jugador puede tener una constitución parecida a la de otro y, sin embargo, estar más avanzado físicamente: más fuerza, potencia, velocidad o capacidad para soportar el contacto y repetir esfuerzos. Son ventajas reales para competir, pero durante la adolescencia son en parte temporales.

Y conviene dejar claro lo contrario: un jugador físicamente más desarrollado también puede tener mucho talento, y encontrarse temporalmente en desventaja física no significa tener más. El problema no es la constitución corporal. Es no saber distinguir qué parte del rendimiento de hoy se debe a los recursos futbolísticos y qué parte puede estar favorecida por el calendario biológico.

La selección puede reflejar ese calendario biológico. Un análisis de una academia inglesa reunió 566 observaciones correspondientes a 202 jugadores U9-U16 a lo largo de ocho años. A partir de U12 aumentaba la representación de jugadores adelantados en maduración y en U15-U16 no apareció ninguno clasificado como tardío. Sin embargo, la magnitud del sesgo dependía del criterio empleado para estimar la maduración y solo era claramente favorable a los tempranos con el criterio menos conservador [1]. No demuestra que la maduración causara cada decisión, pero sí que ambas variables aparecían relacionadas en aquella academia. En 159 jugadores del programa nacional irlandés, la asociación entre maduración y selección también variaba según la posición y era especialmente visible entre los defensas centrales [2].

Los minutos también son oportunidades: en una academia de LaLiga, los maduradores tardíos disputaron unos 8 puntos porcentuales menos de los minutos disponibles

La diferencia también puede aparecer en los minutos. Un estudio transversal con 172 registros U12-U15 de una academia de LaLiga observó que los jugadores clasificados como maduradores tardíos acumulaban alrededor de ocho puntos porcentuales menos de los minutos disponibles que los tempranos [3]. Es un resultado concreto dentro de una muestra pequeña; el efecto global de la maduración no fue concluyente y los propios autores señalan que la investigación previa sobre desarrollo y minutos de juego no es concluyente. No permite formular una regla general, pero plantea una pregunta pertinente para cada club: ¿se repite un patrón parecido en nuestros equipos?

Rendir hoy no dice quién rendirá mañana

En un seguimiento de 537 jugadores durante doce años, solo 53 consiguieron un contrato profesional en su club. Quienes llegaron no eran físicamente superiores en la infancia: sus ventajas aparecieron a partir de los 13-14 años. Antes de esa edad, en algunas pruebas físicas puntuaban incluso mejor los que después no llegaron [4].

Madurar tarde no convierte a nadie en profesional. Pero el rendimiento físico temprano, por sí solo, predice mal quién llegará más lejos. El riesgo no está en que un entrenador elija un día al que más rinde. Está en convertir esa decisión en una jerarquía permanente.

La hipótesis del jugador que aprende a resolver de otra manera

La denominada underdog hypothesis, ya mencionada en esta serie, propone que competir con una desventaja física relativa podría favorecer el desarrollo de otros recursos. Un estudio transversal con 171 jugadores de cuatro academias inglesas encontró que los maduradores tardíos presentaban resultados más adaptativos en algunos componentes de autorregulación, especialmente en autoevaluación y reflexión [5].

El estudio solo ofrece un apoyo parcial a la hipótesis. No permite saber si esos recursos se desarrollaron como respuesta a la desventaja, si ya estaban presentes o si permanecieron en la academia precisamente los tardíos con mejores capacidades psicológicas.

La idea relevante para el club es más prudente: esos posibles recursos no pueden valorarse únicamente desde el entrenamiento o el banquillo. Para saber cómo responde un jugador ante exigencias competitivas necesita disponer de algunas oportunidades reales para hacerlo.

Los minutos, por tanto, no son solo una recompensa para quien ya rinde. Son situaciones reales en las que el jugador se equivoca, decide, asume responsabilidades y muestra cosas que quizá no aparecen en el entrenamiento. Y si un jugador compite sistemáticamente menos, el club también sabe menos de él.

Un sistema que empuja en una sola dirección

Los propios entrenadores reconocen esta tensión. En un estudio longitudinal mixto realizado en una academia de la Premier League, con 98 jugadores U12-U16 y entrevistas a sus nueve entrenadores, los técnicos describieron la dificultad de diferenciar potencial y rendimiento, gestionar las diferencias de maduración y conciliar el resultado con el desarrollo individual [6].

Competir también forma. Sin embargo, un club pide aquello que mide y celebra. Si la conversación gira alrededor de la clasificación, el ascenso o el derbi, el entrenador recibe el mensaje de utilizar a quienes ofrecen mayor seguridad inmediata, aunque nadie se lo ordene expresamente.

Ahí aparece lo perverso del sistema: el club puede afirmar que forma a largo plazo y, al mismo tiempo, organizar incentivos que empujan al entrenador hacia la respuesta inmediata. Termina pidiendo dos cosas que en determinados momentos entran en conflicto y deja que el entrenador resuelva esa contradicción cada fin de semana.

La competición no necesita desaparecer. La cuestión es si el resultado del fin de semana constituye el principal criterio visible o si la estructura del club también reconoce la evolución, las oportunidades concedidas y la conservación del talento.

El entrenador es el presente; el club, el futuro

Nada de esto convierte al entrenador en el culpable. Pero tampoco lo deja fuera. El entrenador gestiona el ahora; el club tiene que pensar en quién vale, o puede valer, dentro de unos años. Y el entrenador forma parte del club: saber manejar esa tensión, explicar a cada jugador su situación y no cerrar puertas por una diferencia física pasajera también es parte de su trabajo. Si el talento se va, la responsabilidad es compartida.

Un club que quiere formar necesita criterios comunes que permitan distinguir:

No se trata de repartir los mismos minutos entre todos. El compromiso, la asistencia, el comportamiento y el rendimiento cuentan. Se trata de que ningún jugador pase meses en un papel secundario solo porque otros van por delante en su desarrollo físico.

Cuando el jugador deja de sentirse jugador

Recibir pocos minutos no provoca necesariamente que un jugador abandone o cambie de club. La evidencia no permite establecer esa relación causal y su reacción dependerá de múltiples factores.

Sí sabemos que la continuidad deportiva está relacionada con sentirse competente, autónomo y parte del grupo. En una cohorte de 7.110 adolescentes de cinco deportes, 4.550 de ellos futbolistas, la satisfacción de esas necesidades y un clima positivo creado por el entrenador se relacionaron con seguir en el deporte y en el mismo club la temporada siguiente [7]. Esta cuestión conecta con lo tratado en El entrenador como punto de partida de la motivación y el desarrollo autónomo del jugador, aunque aquel artículo no analizaba específicamente el abandono.

Un jugador puede aceptar no ser titular si entiende los motivos, ve que existe un plan y recibe oportunidades reales. Lo difícil de sostener es entrenar cada semana sin saber qué mejorar y sentir que el entrenador ya ha decidido quién es. En ese momento puede buscar otro equipo únicamente para volver a sentirse futbolista. El club puede registrarlo como una baja más, cuando quizá acaba de perder un potencial que nunca evaluó en condiciones adecuadas.

Implicaciones prácticas

Contextualizar el rendimiento físico, revisar quién juega poco y por qué, y compartir la valoración entre temporadas

Proteger el talento futuro no consiste en adivinar quién llegará. Consiste en reducir el riesgo de tomar por permanente algo que todavía puede ser temporal. Algunas posibilidades son:

Ninguna de estas medidas garantiza descubrir al futuro profesional. Su utilidad consiste en observar mejor antes de cerrar una valoración.

Reflexión final

Ganar también forma parte del aprendizaje. Competir enseña a afrontar la presión, asumir responsabilidades y buscar soluciones. El error no está en intentar ganar, sino en permitir que el resultado inmediato decida constantemente quién merece desarrollarse.

¿Estamos seleccionando al jugador que hoy nos ayuda a ganar, o estamos creando las condiciones para descubrir quién puede ayudarnos dentro de unos años?

Si un club conserva únicamente a quienes rinden antes, quizá consiga equipos competitivos durante una etapa. Pero también puede estar construyendo su presente a costa de perder parte de su futuro.

Artículo elaborado a partir de la investigación científica sobre maduración biológica, selección de jugadores, minutos de competición y continuidad deportiva en el fútbol formativo.

Bibliografía

  1. Hill M, Scott S, Malina RM, McGee D, Cumming SP. Relative age and maturation selection biases in academy football. J Sports Sci. 2020;38(11-12):1359-1367. PubMed 31366286
  2. Sweeney L, Cumming SP, MacNamara Á, Horan D. The selection advantages associated with advanced biological maturation vary according to playing position in national-level youth soccer. Biol Sport. 2023;40(3):715-722. DOI
  3. Díaz-Almazán I, Muriarte D, Barba-Ruiz M, et al. Influence of the relative age effect and maturity status on competitive playing time in an elite football academy. Front Sports Act Living. 2026;8:1815789. PubMed 42306131
  4. Dugdale JH, Sanders D, Myers T, Williams AM, Hunter AM. Progression from youth to professional soccer: A longitudinal study of successful and unsuccessful academy graduates. Scand J Med Sci Sports. 2021;31(S1):73-84. DOI
  5. Cumming SP, Searle C, Hemsley JK, et al. Biological maturation, relative age and self-regulation in male professional academy soccer players: A test of the underdog hypothesis. Psychol Sport Exerc. 2018;39:147-153. DOI
  6. Hill M, Mitchell S, Brookman J, McGee D, Cumming SP. Adolescent player development within institutional constraints in academy football. Int J Sports Sci Coach. 2025;20(3):1047-1058. DOI
  7. Nielsen G, Wikman JM, Appleton PR, Bentsen P, Elsborg P. Predicting adolescents' continuation in club sports: A prospective cohort study of the importance of personal and contextual motivational factors in five sports in Denmark. Scand J Med Sci Sports. 2024;34(4):e14616. PubMed 38553779
  8. Jäger J, Rumpf M, Lochmann M. The Effect of Bio-Banded Game Formats on Physiological, Physical, Technical, and Tactical Parameters in Youth Soccer: A Systematic Review. Pediatr Exerc Sci. 2026;38(2):224-235. PubMed 41130444

Caso introductorio: Pacheco J. «Fermín López, 23 años: "En mi adolescencia recibí burlas por mi físico. Pasé momentos duros en la habitación"». El Español, 9 de septiembre de 2026 (a partir de una entrevista publicada en MARCA). Enlace · «Fermín López y su noche más dura en La Masia que casi lo cambia todo». beIN SPORTS, 27 de enero de 2026. Enlace

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