Los artículos anteriores de esta serie analizaron cómo evaluar al jugador, qué comunicarle y qué tipo de feedback puede favorecer su aprendizaje. Este artículo aborda lo que sucede después: cómo aquello que transmite el entrenador puede convertirse en criterio propio del jugador.
Un entrenador puede identificar correctamente lo que un futbolista necesita desarrollar. Puede explicárselo, plantearle una tarea y comprobar que la ejecuta. Pero eso no garantiza que el jugador siga aplicándolo cuando el entrenador deje de estar pendiente.
La mejora empieza a consolidarse cuando aquello que se propone desde fuera deja de funcionar únicamente como una instrucción y pasa a formar parte de la manera en que el jugador observa, interpreta y decide dentro del campo.
El entrenador inicia el proceso. Pero es el jugador quien tiene que hacerlo suyo.
El objetivo no es solamente que el jugador lo haga
Durante un entrenamiento, un jugador puede realizar una conducta porque el entrenador se lo ha pedido. Puede repetirla mientras recibe indicaciones y corregirse cada vez que alguien le recuerda lo que debe hacer.
Sin embargo, esa conducta puede desaparecer cuando cambia el ejercicio, aumenta la presión del partido o deja de existir una supervisión directa.
Otro jugador puede recibir la misma indicación y comenzar a utilizarla para observarse, tomar decisiones y corregirse por sí mismo. Desde fuera, ambos parecen haber entendido lo que se les pedía, pero no ha ocurrido lo mismo.
En el primer caso, la conducta continúa dependiendo principalmente del control externo. En el segundo, empieza a integrarse en la forma en que el jugador comprende su propio juego.
Por eso, una intervención no debería valorarse únicamente por si el jugador cumple una indicación durante el entrenamiento. También importa lo que ocurre después.
¿Comprende para qué sirve? ¿Puede utilizarla en una situación diferente? ¿Reconoce cuándo debe aplicarla? ¿Empieza a hacerlo sin que nadie se lo recuerde?
Estas preguntas permiten diferenciar entre cumplir una instrucción y aprender realmente de ella.
De la intervención del entrenador al criterio del jugador
El entrenador observa, interpreta y decide qué aspecto puede ayudar a desarrollar. Pero entre esa decisión y la mejora existe un paso intermedio: el jugador necesita comprender qué se le propone, encontrarle sentido y relacionarlo con su propia experiencia.
No se trata únicamente de transmitir información. Se trata de conseguir que esa información se convierta en una herramienta para pensar el juego.
Por ejemplo, un entrenador puede querer que un jugador aprenda a decidir antes de driblar. Puede limitarse a decir:
"Decide antes de driblar".
Pero también puede ayudarle a comprender:
- Qué información debe observar antes de recibir el balón.
- Qué opciones tiene en esa situación.
- Cómo condicionan su decisión los compañeros, los rivales y los espacios.
- Por qué esperar demasiado puede hacer desaparecer una solución.
- Cómo puede reconocer por sí mismo si su elección ha sido adecuada.
- Qué podría probar la próxima vez.
La finalidad no es que el jugador deje de necesitar al entrenador. Es que no tenga que esperar siempre una corrección externa para analizar lo que ha sucedido.
Cuando empieza a preguntarse "¿qué vi antes de recibir?", "¿qué opciones tenía?" o "¿qué podría haber hecho de otra manera?", la intervención del entrenador comienza a convertirse en criterio del jugador.
Ahí empieza el desarrollo autónomo.
Tres necesidades que favorecen este proceso
La Teoría de la Autodeterminación, desarrollada por Ryan y Deci [1], identifica tres necesidades psicológicas básicas relacionadas con la motivación y el bienestar:
Sentir que la propia perspectiva importa y que existe cierto margen para participar y tomar decisiones.
Percibir que se progresa y que el reto está al alcance, sin resultar demasiado fácil ni imposible.
Sentirse valorado y conectado con el entrenador y con el grupo, no únicamente evaluado por el rendimiento.
Apoyar estas necesidades no garantiza por sí solo el aprendizaje ni determina completamente la motivación del jugador. Pero puede crear unas condiciones más favorables para que comprenda el propósito de lo que hace y participe activamente en su mejora.
Un metaanálisis reciente reunió 102 estudios, 120 muestras independientes y 43.675 deportistas. Encontró relaciones consistentes entre el apoyo del entrenador a estas necesidades, su satisfacción por parte del deportista y una motivación más autónoma. Se trata de asociaciones relevantes, aunque no demuestran que el estilo del entrenador sea la única causa de la motivación del jugador [2].
En una revisión sistemática centrada en futbolistas jóvenes, Braz et al. [3] observaron que la motivación autónoma y la pasión armoniosa estaban relacionadas con indicadores positivos como el disfrute, las emociones positivas y el bienestar. La pasión obsesiva, en cambio, se asociaba con mayor malestar y riesgo de burnout.
Estos resultados no significan que una determinada forma de intervenir produzca automáticamente esas consecuencias. Sí muestran que no importa únicamente cuánto se implica un jugador en el fútbol, sino también cómo vive esa implicación.
Rodrigues et al. [4] estudiaron, en una muestra de conveniencia de 109 futbolistas jóvenes, la relación entre el clima motivacional, la motivación autodeterminada y el disfrute en dos momentos de la temporada (pretemporada y mitad de temporada). Parte de los predictores relevantes se midieron en el mismo momento que el disfrute que se quería explicar, así que conviene no presentarlo como la demostración de un proceso evolutivo fuerte. Aun así, sus resultados ayudan a entender la motivación como algo que se relaciona con el entorno, y no solamente como una característica fija del jugador.
Apoyar la autonomía no significa dejar hacer
Apoyar la autonomía no significa que el entrenador deje de dirigir, reduzca la exigencia o permita que el jugador haga siempre lo que quiera.
Los objetivos, los límites y la estructura continúan existiendo. La diferencia está en el papel que ocupa el jugador dentro del proceso de aprendizaje.
No es lo mismo decir:
"Hazlo así porque te lo estoy diciendo."
"Este es el objetivo que estamos trabajando. Observa qué ocurre antes de recibir, prueba distintas soluciones y después hablaremos de lo que has percibido."
En los dos casos existe una dirección clara. Sin embargo, en el segundo el jugador no recibe únicamente una orden. También comprende qué debe observar, puede experimentar y participa en la valoración de lo ocurrido.
La autonomía y la exigencia no son contrarias. El entrenador continúa orientando, corrigiendo y estableciendo objetivos. Pero intenta que el jugador entienda el propósito de lo que hace y desarrolle progresivamente un criterio propio.
La autonomía tampoco significa que todas las decisiones deban recaer sobre el futbolista. Significa que el jugador no ocupa únicamente el papel de ejecutor de instrucciones.
La intervención también enseña una forma de aprender
Cuando un entrenador corrige, no transmite solamente información técnica o táctica. También enseña al jugador cómo debe relacionarse con el error y con su propia mejora.
Su intervención puede ayudarle a comprender:
- Que equivocarse forma parte del aprendizaje.
- Que su percepción merece ser escuchada.
- Que el progreso se puede reconocer.
- Que una situación puede admitir distintas soluciones.
- Que tiene capacidad para tomar decisiones y revisarlas posteriormente.
- Que su valor no depende únicamente del resultado de una acción.
Pero una intervención también puede transmitir lo contrario: que solo existe una respuesta válida, que equivocarse significa decepcionar o que la mejora depende siempre de acertar delante de quien evalúa.
En deportistas universitarios, Amorose y Horn encontraron una relación entre la percepción de determinadas conductas positivas y de apoyo del entrenador y una mayor motivación intrínseca. El estudio no se realizó con futbolistas de formación y también analizó otras variables, como el género y la situación de beca deportiva. Por tanto, sus resultados no deben trasladarse automáticamente al fútbol base.
Aun con estas limitaciones, el estudio aporta una idea coherente con el argumento de este artículo: la manera en que el deportista percibe la conducta del entrenador está relacionada con su forma de vivir la práctica deportiva [5].
La exigencia y el apoyo no son contrarios. Un entrenador puede corregir, pedir más y elevar el nivel sin conseguir que el jugador dependa permanentemente de su aprobación.
El entrenador también puede aprender a intervenir mejor
La manera de comunicarse con los jugadores no depende únicamente de la personalidad del entrenador. También puede aprenderse y entrenarse.
Reeve estudió esta cuestión en el ámbito educativo con futuros docentes. Tras una formación específica, su estilo motivacional autoinformado cambió; el estudio no comprobó si ese cambio se reflejaba también en el comportamiento observado dentro del aula. No era un estudio con entrenadores deportivos, ni se limitaba solo al apoyo a la autonomía, por lo que no permite trasladar directamente sus resultados al fútbol, pero ofreció una primera indicación de que el estilo interpersonal de quien enseña no es necesariamente un rasgo fijo de personalidad [6].
Posteriormente, Reynders et al. [7] realizaron una intervención con 43 entrenadores y 326 deportistas jóvenes de 12 modalidades. La formación se desarrolló mediante talleres centrados en cómo adoptar un estilo que combinara el apoyo a la autonomía con una estructura clara.
Después de la intervención, los deportistas percibieron a sus entrenadores como más favorables a la autonomía, más estructurados y menos caóticos. También comunicaron una mayor motivación autónoma y una mayor implicación.
Se trata de un estudio concreto y no demuestra que cualquier programa formativo produzca los mismos resultados en todos los clubes. Sin embargo, respalda una conclusión práctica importante: la forma de intervenir del entrenador puede trabajarse y modificarse.
Esto cambia la pregunta que puede hacerse un club.
No se trata únicamente de saber si sus entrenadores conocen el juego o identifican correctamente lo que necesita mejorar cada futbolista. También conviene preguntarse:
"¿Saben transmitirlo de una manera que ayude al jugador a comprenderlo, utilizarlo y mantenerlo cuando nadie se lo recuerda?"
El resultado final: que el jugador aprenda a mejorarse
El objetivo de un entorno formativo no debería ser únicamente que el jugador cumpla mientras alguien lo vigila. Debería ayudarle a observarse, comprender lo que hace y participar progresivamente en su propia mejora.
El entrenador continúa siendo necesario. Su función no desaparece ni pierde importancia. Pero no es solamente quien da instrucciones o señala errores. También es quien ayuda al jugador a desarrollar comprensión, confianza y criterio.
El aprendizaje no se consolida cuando el jugador hace lo que le dicen, sino cuando comprende por qué lo hace, reconoce cuándo resulta útil y sabe aplicarlo por sí mismo cuando el juego se lo exige.
El entrenador inicia el proceso. El jugador lo hace suyo.
Artículo elaborado a partir de la literatura científica sobre motivación, relaciones entre entrenador y deportista y desarrollo del jugador en formación.
Referencias
- Ryan RM, Deci EL. Self-determination theory and the facilitation of intrinsic motivation, social development, and well-being. American Psychologist. 2000;55(1):68–78.
- Liu HJ, De Jonge K, Den Hartigh R, Van Yperen NW. Basic psychological need support, need satisfaction, and autonomous motivation in coach-athlete relationships: a systematic review and meta-analysis. International Journal of Sports Science & Coaching. 2026;21(2):1178–1191.
- Braz D, Maia C, Gouveia É, Monteiro D, Couto N, Sarmento H. Passion, motivation, and well-being in young footballers: A systematic review. Healthcare. 2025;13(24):3273.
- Rodrigues F, Monteiro D, Matos R, Jacinto M, Antunes R, Amaro N. Exploring the dynamics of athletes' enjoyment and self-determined motivation, and of the motivational climate in youth football: A longitudinal perspective. Perceptual and Motor Skills. 2024;131(2):551–567. Publicado online el 14 de diciembre de 2023. doi.org/10.1177/00315125231222152
- Amorose AJ, Horn TS. Intrinsic motivation: Relationships with collegiate athletes' gender, scholarship status, and perceptions of their coaches' behavior. Journal of Sport and Exercise Psychology. 2000;22(1):63–84.
- Reeve J. Autonomy support as an interpersonal motivating style: Is it teachable? Contemporary Educational Psychology. 1998;23(3):312–330.
- Reynders B, Vansteenkiste M, Van Puyenbroeck S, Aelterman N, De Backer M, Delrue J, et al. Coaching the coach: Intervention effects on need-supportive coaching behavior and athlete motivation and engagement. Psychology of Sport and Exercise. 2019;43:288–300.
Síguenos en Instagram: @sefs_futbolbase para más contenido sobre desarrollo de jugadores.